
Ya me arrepentí. Retiro lo que he dicho esta mañana. Ya sabes cómo son las cosas. En el momento, con el cabreo, espetamos palabras hirientes que no queremos decir, llevados por las emociones, y acabamos haciéndonos daño. No es la primera vez. Rectifico. Rectifico para que me entiendas, sobre todo en los momentos más vulnerables, como por la mañana, cuando aún no somos personas. He pasado toda la tarde pensando en ti, compañera de cama, apoyo de la génesis de mis pensamientos. Quiero que nos veamos, muy pronto.
Bueno, ya veo que tratas de hacer justicia contigo mismo. Ante una reflexión así, no creo que vayas a tener problemas para que te disculpe.
¡Felices sueños!
Me alegro que hayas hecho las paces con tu almohada. Seguro que tiene algo que ver con esta semana y la cantidad de trabajo que tenemos (y la falta de tiempo para dormir).
¡Que te descanses!
Creo que te refieres a un tema más allá de lo que el lector puede leer. Esta entrada evoca muchas imagenes pero lo más importante es que tú reconozcas el error que has cometido y volver a rectificarlo rápidito. Espero que el próximo encuentro sea mejor para tí y tu almohada.