Po zí, a veze me pongo shulo y exahero mi forma de hablá. Zuele pazá ar encontrarme con hente no andaluza -en mushoh casoh zi elloh se cashondean de mi habla- y ha zío pa mí una forma de deztacá que no hablo como loh demá. Logo la peña te puede comentá cozah como <<no te entiendo>> o <<¿por qué hablas así?>>. Loh ezpañoleh de otroh zitioh man disho que hablo mar. ¿Y uhtedeh cómo habláih? ¿er leízmo y er laízmo qué? Dizen que a loh gaditanoh no hay quien loh entienda, y en verdá yo tampoco me entero ziempre de lo que dizen, pero er motivo de ehta entrá no tie na que vé con entendé o no.
Después de haber pasado dos años viviendo en Andalucía, he podido ver lo fuerte que puede ser la conexión entre lengua e identidad. A lo mejor este concepto se me escapaba antes por vivir en una zona de Estados Unidos donde apenas hay variación lingüística. Sin embargo, recuerdo momentos de mi vida en los que el habla de otra persona me resultó pesada -incluso he llegado a juzgar a otras personas basándome solamente en tópicos relacionados con la variedad que hablaban, tópicos que luego resultaron no tener fundamento- y ahora veo con claridad la falta de lógica asociada con esta forma natural que tenemos de pensar. El problema es que, de alguna manera, existe en todos nosotros sin que nos demos cuenta.
Desde luego, es muy difícil reconocer los prejuicios que tenemos respecto a cómo habla alguien. Tendemos a decir que los prejuicios los tienen los demás, nosotros no, pese a lo que demuestren los estudios (por si os interesa, el estudio más significativo que tiene que ver con las actitudes y el prestigio de los dialectos de Estados Unidos, aquí y aquí). Quizá lo que hace falta sea vivir mucho tiempo en una zona donde se habla de otra forma para que nos demos cuenta de las opiniones y prejuicios que tenemos. Sé que en mi caso esto ha sido fundamental para entender mejor la situación de los varios dialectos que se hablan en España, y luego me he podido aprovechar de este conocimiento y aplicarlo a mi primera lengua.
En fin, a veze zoy una mihita maraje y exahero, lo reconozco, pero ar mihmo tiempo creo que eh importante que loh demá ze acohtumbrén a la idea de que no toer mundo eh iguá, ya zea po como eh fízicamente o po zu forma de hablá. Hahta que no rearmente entendamoh ehto, no noh quitaremoh de loh prehuicioh que tenemoh ezcondioh po dentro.
Tocas un tema que me apasiona (aunque solo es una parte del 'tema' completo: la identidad, lo 'mío', la intolerancia...), la clasificación
-generalmente de carácter negativo- de los otros por la forma en que hablan (idiolecto, sociolecto...). Tenemos tal tendencia a poner etiquetas
-TODOS-, que es muy difícil neutralizar esa actitud de forma automática. Pero es bueno darse cuenta e intentarlo. Vivir con otros pueblos, sobre todo querer a personas que pertenecen a otros pueblos es la vía ideal.
También hay que echarle un poco de humor, pero empezando por hacer chistes de uno mismo. Si estuviéramos un pelín más relajados y dispuestos a hacer guasa de lo propio, tendríamos menos tensiones.
Una anecdota del instituo...
Dicen que hablaba yo muy de Chicago, que tenía un acento fortísimo (en plan Chris Farley antes de llegar a la costa este. Yo, claro, nunca había pensado ni un minuto en cómo hablaba, ya que todos mis compañeros hablaba igual. Pero nada más llegar ahí mis nuevos amigos se reían de mí, de las palabras que usaba, hasta cómo decía "Bob" o "John".
En fin, tras ocho años de escolarización se me ha perdido el acento (hombre, con ocho años ya hago de un bostonian bastante bien). Sin embargo a veces me sale alguna palabra suelta de mi juventud. Y sí es verdad que siempre que vuelvo a casa me encuentro hablando con más acento. Y creo que tiene que ver con lo que has planteado, Joseph: la lengua y la identidad. En Chicago, me identifico más con mis raíces hablando cómo se habla ahí. Lo mismo pasa en Madrid, me siento más "madrlieño" hablando tal y como he aprendido aquí. Aunque (y sé que tu dirías lo mismo) cuando salgo fuera de la capital sigo hablando de la misma manera por algún orgullo que guardo por mi ciudad adoptada.
Pero que interesante el papel de la lengua en la socialogía, ¿no? Una forma de indentificarse, pero a la vez una manera para que los demás te etiqueten. Estoy de acuerdo con vosotros. Sólamente experimentando las grandes diferencias vas a poder reconocerlas, y apreciarlas.
¡Un pedazo de escritura! Primero, antes de comentar tu entrada, voy a pasarte un enlace de un cuento hispanoamericano que leí el semestre pasado que me recordaba de el primer y último parafos:
www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/pr/gonzalez/carta.htm
En fin, los dos parafos subrayan y relfejan perfectamente las frustraciones que has encontrado y esto es lo que hace ser más fuerte tu argumento. Tu proceso de pensar es muy claro y exacto. Tu justificas muy bien lo que escribes y le das al lector un consejo que se debe obedecer.
Tengo una surgencia--tal vez traduzcas lo que has escrito en la primera y última parte de la entrada para que los otros lectores entiendan, o sea, ponga en castellano normal. A la vez, si las traducieras, problamente perdería la fuerza de tu argumento.
En fin, me gustó mucho.